A veces nos dejamos vivir en las cavernas
de papel encendido con disfraces de piedra.
A veces nos creemos pobladores del vuelo
desde el hueco yacente de nuestra madriguera.
Pero nadie improvisa eficacia de alas
con desvelo artesano sobre un montón de plumas.
Las alas están vivas y su verdad dormida
se abre al calor fecundo de la Verdad Viviente.
No podremos volar, aún hiriendo los astros,
con artefactos mudos de plástico y acero.
Hijos de la mentira, llegaremos al polvo
y sin cobrar la pieza del amor volveremos.
Sólo vuela quien sabe hablar con las estrellas
quien escucha el latido de su luz reflejada
quien desnuda la noche y llena su vacío
con la verdad desnuda del Ser Ilimitado.
