5/4/22

¿POR QUÉ, SEÑOR?

 

 

¿Por qué, Señor, queriéndote tan hondo,

tan dentro de mi sangre agradecida,

a menudo descubro la guarida

del pecado tenaz donde me escondo?

 

¿Por qué, cuando me llamas, Te respondo

sinceramente dándote mi vida,

si, a los dos pasos, vuelve la caída

a hundirme en el abismo de su fondo?

 

¿Será, Señor, que buscas mi pobreza

desnuda y sin ribetes de belleza

para donarte más sobre mi nada?

 

Pienso que sí, que mi acerada espina,

clavada en Ti y en mí, nos ilumina

con tu misericordia derramada.