¿Por qué, Señor, cruzaste mi camino
adolescente con temblor de rosas?
¿Por qué tu Nombre se imprimió en las cosas
hecho palabra de tu amor divino?
¡Por qué me emborrachaste con el vino
de tus conversaciones amistosas?
¿Por qué soltaste tantas mariposas
- tu mirada de luz - en mi destino?
No sé por qué, Señor, saliste al paso
de mi pobreza en tantas dimensiones.
Ni por qué te vertiste en este vaso
de arcilla vil y de limitaciones.
Pero sé que te quiero y que me abraso
en la llama feliz de tus mansiones.
