Yo pronuncio “Jesús” y estás conmigo
y me alegra tu dulce compañía.
Donas valor a la mirada mía
y caricia a mis manos, si bendigo.
Vienen los niños cuando voy Contigo
y hallan motivo para su alegría.
El enfermo nos llama y se confía
a tu mirada cálida de Amigo.
Cuando digo “Jesús” se desvanece
la pena de mi sangre y amanece
la dicha pronunciada y poseída.
Tu Nombre, tan sencillo y tan preciso,
es para mí, Jesús, el paraíso
donde reside el gozo de mi vida.