Salgo a las ramas grises del sendero asfaltado
y la urgencia aprisiona mis anhelos de canto.
Otros pájaros hombres, también revolotean
por escapar del lazo de tantas soledades.
La ciudad es la selva de arbustos minerales
en donde no es posible que se pode el gorjeo.
Entre tanto rugido de motores histéricos
ni las campanas hallan un hueco transparente.
Y yo, pájaro solo, frondosamente solo
en esta jaula triste de hirientes soledades
¿qué puedo hacer conmigo, con este riguroso
latir de mi gorjeo para salvar mi sangre?
Gritaré que es posible todavía el silencio
que la ternura anida en rincones del alma
que los niños mendigan pedazos vegetales
y quiere contemplarte en la rama de un árbol.
Ya sé que mis razones no son jamón serrano
ni discotecas densas de turbia oscuridad;
pero quienes me escuchen dejarán de estar solos
frondosamente solos en la selva del ruido.
