Cuando mi voz se apague, no penséis que he perdido
este latir profundo que salva la esperanza,
seguiré gorjeando en la fonda inefable
del Amor en origen que pronunció mi vida.
Nada muere o se pierde, todo es palabra viva,
todo es verso que deja estela perdurable.
Aunque el tiempo limite las páginas escritas
el Autor salva el libro en su archivo infinito.
Sólo acaba el que resta palabras a la vida
quien tacha los colores con tintes de odio,
quien apaga los ojos de niños indefensos
quien adora serpientes de papel disfrazado.
Pero yo seguiré sin temblar de raposas,
seguiré gorjeando sin iras de serpiente,
seguiré gorjeando sin lágrimas de sangre
porque los niños nacen y viven y florecen.
Soy arroyo sencillo de afanes transparentes
para vestir el valle de hierbas y de flores:
pero el arroyo sigue, si el manantial no cesa
y el manantial no cesa porque es Incesante.
Es Amor, primavera, perfectamente viva,
en donde la penumbra de arbustos recoletos
albergará mi nido de ternura perenne
y salvará mi estrofa de luz contemplativa.
Cuando muera, no he muerto, sabedlo, hermanos míos,
os espero en la dicha de mi canto maduro,
porque entonces mi sangre estará ya curada
con el beso de Dios, Ruiseñor Absoluto.