Mis labios ya sellados por la muerte,
mi pluma ya sobre la masa fría,
mi corazón anclado en la agonía
esperan tu llamada para verte.
He vivido, Señor, para tenerte
dando luz a mis venas noche y día.
Ahora falta el aceite a mi bujía
y has de venir para salvar mi suerte.
Mi suerte de palabra mensajera
anunciando la eterna primavera
sobre el tiempo llagado de esta vida.
Abre hueco a mi carne triste y sola
que toda amor y sólo amor se inmola
en tu tierno regazo sumergido.
