Me rebelo a no ser, enterrado en silencio.
Me rebelo a callarme, cuando los cardos hablan.
Diré que soy, que vivo, reja de sangre ardiente,
abriendo las entrañas de los surcos sin alma.
Pero hablaré rebelde porque soy gorjeo
libérrimo de versos sembrando primaveras.
Si las piedras despiertan estaré bien pagado
si la piedra me mata, la besaré cantando.
Pero yo me rebelo, me rebelo a ser granos
de tierra oscura y triste esperando la nada.
Un alarido nace de mi raíz indócil
y estalla contra el viento mi lamento de sangre.
¿Por qué la luz resbala sobre ríos de sombra
y el corazón en mimos se desmaya infecundo?
¿Por qué barrer las huellas de estrellas mensajeras
sepultando el latido profundo de las cosas?
Me rebelo a ser sombra, me rebelo a ser nada,
y fundo mi protesta en el claro gorjeo
de la mano que toca mi sangre voladora.
Afirmaré que vivo aunque se irrite el barro,
aunque la negra cárcel de las negras razones
envuelva mi bujía con negra hostilidad.
Me sembraré en el negro corazón de su sombra
esperando que surja la luz resucitada.