Te cedo la palabra, primavera,
para que resucites mi lamento.
Sufre mi Sangre mineral tormento
y el vigor de mis huesos desespera.
Y no puedo llorar como quisiera
ni esparcir mi alarido con el viento.
Sólo el silencio corrosivo y lento
crece mi soledad de sombra entera.
Ya sé de tus prodigios florecidos,
sembradora de vida entre los hombres.
Sé del milagro de tu violeta.
Te cedo mi palabra y mis latidos
para que desentierres esos nombres
que gimen en mi cárcel de poeta.
