Prádena canta feliz
tu reciente amanecer.
Restaurada por tus hijos
a quienes diste la fe,
abres tus puertas, de madre
y ofreces tu calidez.
Tu sabes historias viejas
de aquellos hijos de ayer.
En tu regazo cobijas
su callada sencillez.
Otros hijos, los de hoy
te ven rejuvenecer
y se alegran y te cantan
y te dan su parabién.
Son distintos estos hijos
pero tienen la honradez
que tú pusiste en sus venas
cuando les diste la fe.
En tu sonrisa de piedra
volverán a renacer
como piornos de la sierra
y enebros de robustez.
Ninguna turbia discordia
la hará retroceder
porque tu abrazo de madre
la recuerda lo que es
unirse en amistad honda
buscando la paz y el bien.