Si en un imposible metafísico
Tú, Dios, no existieras,
yo sería un desgraciado
en el sentido más propio
y riguroso
de la palabra desgraciado:
esto es:
carente de gracia, de
alegría, de amor
no destructible.
Y, sin amor increado y eterno,
nada ni nadie
me dejaría satisfecho.
Y, si en otro imposible metafísico,
yo fuera Dios,
me sentiría absolutamente abrumado
por mí mismo,
rebasado de mí.
Tal vez optaría
por desaparecerme
o por respirarme
Vida- Amor, como eres Tú,
y expresarme así: Vida- Amor.
Me encarnaría…
para decir: soy Amor.
Pero nunca me sentiría plenamente feliz
porque me faltaría
algo: Saber que Tú, Dios,
me envuelves,
me cobijas,
me quieres.
Y es que mi ser de
criatura
es intrínseco a mí mismo
y sólo Tú, distinto de
mí, Infinito, Eterno,
Inmenso, Inabarcable,
intuído como sublime
misterio que me transciende
y me penetra,
llenaría mi creatureidad
en plenitud.
Yo no puedo realizarme
sin Ti.
He crecido hasta Ti
y ya no puedo ser y vivir
sin Ti.
El ser creado
culmina en
el hallazgo
de Ti.
Gracias, Señor, Dios. Gracias.
Segovia - 25 - Septiembre - Virgen de la Fuencisla - 1986
