De pié, junto a la Cruz, mirando Su mirada
la virgen Dolorosa inmola el corazón.
Una luz violeta de tarde lastimada
alumbra los perfiles agudos de la espada
que dijo Simeón.
Es Madre y en su rostro refleja la ternura
que recoge la sangre del Hijo Redentor.
Navega, mansa barca, el mar de la amargura
para llegar al puerto donde la luz perdura
y se enciende el amor.
“Hágase en mí…-repite- mi vida es amapola
humilde que culmina su palabra de luz.
Corredimo Contigo y Contigo se inmola
mi corazón de Madre, aunque me quede sola
de pie, junto a la Cruz.
