Con Teresa vivís y de Teresa
copiáis la sencillez de vuestra vida.
Profesáis el amor o la subida
al Carmelo de luz y nieve ilesa.
Clausuradas estáis y nunca cesa
la libertad de vuestra sangre herida:
herida de volar, de estar prendida
a la Luz Infinita que nos besa.
Agradezco la paz de vuestra casa
penetrando mi ser en nueve días
de llama celestial, contemplativa.
Sólo servís para querer sin tasa.
Vuestras sonrisas son hospederías
que encienden con amor la llama viva.
