No sé cantarte Prádena querida.
Yo soy tú mismo: tu verdor de prado
Tu fuerte corazón desparramado
en canchales de musgo diluído.
Me guardas tus enebros en mi nido
de silencio monástico y alado.
Y en tus robles me siento pronunciado
como verso de gozo sostenido.
Estás en mí; transitas por mis venas.
Me tienen aherrojado tus cadenas
de recia libertad que se comparte.
Cuando Dios me releve de la tierra
volaré, vertical, sobre tu sierra
para poder por siempre contemplarte.
Prádena 7 - abril -1985
