Calma, Señor, mi corazón herido.
La tempestad arrecia en mi barquilla.
Eres conmigo; pero no me brilla
tu mirada de Dios: estás dormido.
Perdona si despierto tu latido.
Necesita de Ti mi pobre arcilla.
Soy carne demacrada, soy mancilla
de la luz convertida en alarido.
Siento que se me arrancan las raíces.
Sólo me salvaré si Tu me dices:
Estoy contigo tras la noche triste.
Alivia mi espalda de equipaje.
Que te sienta conmigo en este viaje
hacia el Amor urgente que me insiste.
23 - Junio -1985
