Soy muy pobre, Señor, sólo perrito
que tiene corazón inteligente.
Muevo feliz el rabo confidente
para amar el pan que necesito.
Mi lenguaje canino sólo es grito
que pregona cariño permanente.
Digo ladrando: “Dueño, estoy presente
para ser siempre tuyo”. Y lo repito.
No te canses de mí, que nada tengo
y sólo, si me cuidas, me sostengo
con el gozo de perrito pedigüeño.
Vamos juntos, Señor, por el camino:
Tú sembrando cariño a lo divino;
yo besando las huellas de mi Dueño.
Segovia - 1 -Marzo -1998
