Por mí, los seres hablan, se liberan
de científicos ojos descreídos
que encarcelan su ser en la materia.
Digo que el sol calienta nuestro barro
con precisión de hogar que se derrama,
que las flores nos liban las pupilas
con bordados de luz, regalo tuyo;
que los pájaros alzan nuestra carne
a dialogar con la pureza azul,
que el rostro de los niños nos anima
a esparcir sencillez en la mirada amiga,
que la luna persiste, aunque los hierros
arañen su epidermis de reflejo,
que los hombres no tienen estatura
para barrer la luz de las estrellas,
que nos amas de miles de maneras
a los miles de seres que te cantan.
(Versos de júbilo agradecido por el sacerdocio católico)