19/9/22

ENCENDIDO EN EL SER

 


Encendido en el ser: tengo en las manos

Mi vuelo y mi latido: Pienso, existo.

Alguien plantó mi árbol en mis llanos.

Alguien inflama el sol con que me visto.

 

Y jamás la Nada anidará en mi seno;

Invisible raíces me eternizan.

El cauce de mis venas está lleno.

En mi mar de esperanza olas se rizan.

 

Me yergue el corazón con golpes suaves;

Mis ojos son ventanas, que me inundan

De encendidos colores y de aves.

Mis oídos de antenas me circundan

Para que nadie clave en mi ternura

uñas de soledad y de congoja.

 

El olfato me ofrece la dulzura

del alma de las flores, blancas o rojas.

Entiendo idiomas sin abrir los ojos

sólo besando con mi piel las cosas

sé que la piedra muerde y los rastrojos

tienen envidia de las mariposas.

 

Me gusta disolverme en la materia

para multiplicarla por mi sangre:

Nunca devoro; como, alzo la tierra

a a torre del alma, con mi hambre.

 

Nadie podrá negar que, quien se viste

de tanto corazón y tanta luna,

tiene afecto a la Luz y en ella existe

como niño en los brazos de su cuna.

 

Nadie podrá negar que estoy hablando

(si algún día conoce mi palabra);

y que hablo porque amo y porque amando

obedezco al arado que labra.

 

Aunque soy manantial: yo no he creado

las aguas que cobijan resplandores;

yo nazco de Sus Manos derramado

para encender el alma de las flores.

 

Porque ¿Quién apacienta mis latidos

con detalle de madre silenciosa?

¿Quién puebla de esperanza mis gemidos

y decora las estrellas mi vía dolorosa?

¿Quién voltea campanas en mi torre?

¿Qué mirada ilumina mi existencia?

¿Qué puerta me escribe y me recorre

haciéndose en mi carne transparencia?

 

Tengo que hablar, amigos, luz os debo

del sol que me rebosa y me proclama.

Os invito a beber de donde bebo,

os invito a encender en mi llama.

 

Y, sin embargo, no vendo alondras

en el aire manchadas del anhelo.

Simplemente os recuerdo que sois frondas

en donde puede reparar el cielo.

 

Os digo que existís y que su aliento

os envuelve de Luz sencillamente;

que no podemos ser papel al viento

que termina en la nada oscuramente.

 

Os digo que los niños todavía

delatan en el rostro primaveras,

que el arroyo del tiempo es melodía

que sueña y canta hacia la mar que espera.

 

Os digo que los párpados cansados

roban a las pupilas el paisaje;

os digo que los sueños destronados

asaltan la esperanza del gran viaje.

 

Os digo que la hoja que se suelta

y “vuela” liberada en su desmayo

da gemido amarillo y pide vuelta

al ósculo materno de su tallo.

 

Os digo que, si huérfanos lloramos

es porque finge nuestra carne brillo;

que podemos ser hijos si cruzamos

por la vereda del amor sencillo.

 

(Siempre la luz: tres poemas I)