Más que flor primorosa
y más que beso de aroma
más que llamada al vuelo
en la casta paloma
eres, Madre, palacio
de las vivas estrellas
tus ojos encendieron
la luz de todas ellas.
Desde que despertaste
a la conciencia humana
pronunciaste la aurora
de la eterna mañana.
Y día te viviste
en silente plegaria
para que el sol bebiera
tu sangre humana.
Madre, la sombra cerca
nuestro anhelo quebrado.
El polvo se rebela
el aire está llagado.
Las luces que nos nacen,
de eléctricas entrañas,
han pactado cobardes
con viles alimañas.
Sólo tu luz nacida
en el hondo misterio
alumbrará en la noche
para hacernos salterio.
(estrofas leves para la Virgen María)
