La humildad es una flor
que siempre te cautivó
y tanto que te vistió
sólo de amor sin fulgor.
Sólo de amor generoso.
Sólo de manos sirviendo
Sólo de paz sonriendo
Sólo de júbilo hermoso.
Fuiste humilde en el vestir
callada en el padecer
fertilísima en el querer
y donada en compartir.
Pasaste la noche oscura
encendiendo con tus huellas
regocijadas estrellas
de esperanza y de ternura.
Los pobres te compartían
los enfermos te llamaban
los desvalidos te amaban
y los ángeles te ardían.
Viviste, para donarte
abriendo nuevos caminos.
Fuiste hogar de peregrinos
con quienes nadie comparte.
En los enfermos hablabas
permanentes navidades.
Curabas llagas y edades
y con ellos enfermabas.
Tu secreto, Soledad,
tiene dos sílabas, dos:
Todo lo hacías por DIOS;
Dios era tu Navidad.