Ven conmigo, Francisco. Necesito
calor de intimidad.
Necesito también, tú ya lo sabes,
aroma vegetal
para escuchar el verso de las rosas
y aprender a rezar.
Tú veías reflejos del Amado
en fuentes de cristal;
besabas a los seres inocentes
con tu dulce mirar;
ibas poblando con palomas blancas
las montañas y el mar
y tus huellas humildes encendían
estrellas al pasar.
Ven conmigo, Francisco, que la noche
sotierra claridad
y una invasión de nada orgullosa
nos quiere devorar.
La sequía del alma desertiza
el gozo de cantar.
Escasea el asombro de sentirnos
hijos de Dios- Mamá.
Hasta los niños pierden la sonrisa
en turbio lodazal.
Ven conmigo, Francisco. Libaremos
el tímido rosal,
donde los versos de Su Amor declama
trascendente Verdad;
donde la luz del corazón se enciende
con solo contemplar;
donde el misterio se hace pan que nutre
perpetua Navidad.
donde predican lobos y corderos
feliz fraternidad;
donde la muerte de guadaña fría
no nos puede dañar.
Ven conmigo, Francisco. Necesito
locura sideral
para cambiar al universo roto
en un mundo de paz.
Ven conmigo, Francisco, por la selva
de la mendicidad:
los dos mendigos coceremos panes
de trigo candeal.
Sembraremos celestes alegrías
con sonrisas de paz.
Tallaremos vivísimos Belenes
en la mesa de altar.
Despertaremos en el alma limpia
alcones de bondad
y la tierra será planeta humano
de amor y de amistad.
Ven conmigo, Francisco. Realiza
mi sueño fraternal.
Quiero que Dios habite entre nosotros
y nos llene de paz.
Ven conmigo, Francisco, Resucita
mis ansias de tener alas amantes.
Quiero calzar sandalias caminantes
que hablen de Dios con huella manuscrita.
Ven conmigo, Francisco. Deposita
en mi sangre tus lámparas quemantes.
Quiero volverme loco cuanto antes
con la locura de tu paz bendita.
Ven conmigo, Francisco. Recupera
la luz de tu esperanza campanera
convocando a los hombre y a las yedras.
Alumbraremos juntos la mañana
con amor de ternura franciscana
que talle corazones en las piedras.
(Fiesta de San Francisco - 1997)
