Ven conmigo, Francisco. Necesito
calor de intimidad.
Necesito también, tú ya lo sabes,
aroma vegetal
para escuchar el verso de las rosas
y aprender a rezar.
Tú veías reflejos del Amado
en fuentes de cristal;
besabas a los seres inocentes
con tu dulce mirar;
ibas poblando con palomas blancas
las montañas y el mar
y tus huellas humildes encendían
estrellas al pasar.






