Yo tengo sed, Francisco, de tu fuente
inundada de pájaros y flores.
Quiero salvar fraternidad de amores
sembrando “Paz y Bien” sencillamente.
El hombre busca solución urgente
a la muerte de versos y colores.
Y no llegan sus hierros voladores
a la estrella del gozo permanente.
Tú, Francisco, conoces el camino
de barro humano y calor divino
que enciende primaveras en las cosas.
Dame del agua mansa que te mana;
trasfúndeme tu sangre franciscana
para salvar el alma de las rosas.
