Francisco de Asís ha vuelto
de puntillas a la tierra
y al contemplar el paisaje
está llorando de pena.
Se ausentó la golondrina
se marchitó la azucena
y las playas agonizan
en basura estercolera.
El hombre ya no se asombra
aunque falten primaveras,
le basta con devorar
cantidades de materia.
¿Dónde están las alas tuyas
buscadoras de la estrella?
¿Dónde están las alegrías
que sembraste con tu huella?
Francisco de Asís que lloras
al hombre roto por guerras
aleja nuestras penumbras
con la luz de tu presencia.
Llóranos hasta que laves
con tus lágrimas serenas
que nos hieren y encarcelan.
Préstanos tus ojos puros
para acariciar la hierba.
Vierte en nuestra sangre ansias
de florecer confidencias.
Te sentiste hijo de Dios
y gozaste a manos llenas
la ternura de cantarle
en alegrías y penas.
Enséñanos a ser pobres
para soltar las cadenas
que nos sujetan al tiempo
y a unos gramos de materia.
Danos asombro de niños
ante el Niño Dios que llega
en el hermano que sufre
y que nuestro amor espera.
Danos amor a la Cruz
florida en sangre de entrega.
Danos amor a Jesús
que nos da la vida eterna.
