Asceta del silencio, que bendices
la muerte de las muertes disfrazadas.
Desnudamente vencen tus pisadas
tentaciones de cardos aprendices.
Tu figura de árbol con raíces
hundidas en arenas abrasadas
predica prodigiosas alboradas
que alumbran corazón en cuanto dices.
Tomamos de tu mano mensajera,
de tu sangre vivísima y austera
para ascender a la montaña pura.
Alumbra nuestro viaje con tu viaje
por la tierra sin peso de equipaje,
con sólo la embriaguez de tu locura.
(Sonetos a San Pedro de Alcántara IV)
