Humilde Soledad, flor madrileña
sin el fulgor de la floristería.
Sencilla como Sierva de María.
Disfrutando la paz de ser pequeña.
Para servir, tu corazón se empeña
en ocultar la luz de su bujía.
Y tu ser levadura se confía
a la fuerza de Dios que te diseña.
Te diseña bajita de estatura
esférica y rolliza tu figura
como queriendo soterrar el brillo.
Y así, pequeña, mansa y redondita
amaste tanto, que dejaste escrita
tu vida en el servicio más sencillo.
