Teresa, miraste al Sol
y el Sol fecundó tu vida:
Transverberación, herida,
planta hermosa, girasol.
Te llamaste “de Jesús”
y quedó tu amor tallado
en su Nombre lacerado
una barra y una Cruz.
Y para poder cantar
a Jesús en llama viva,
te hiciste contemplativa
en la Iglesia dulce hogar.
Hija fiel, Madre Teresa
de la Iglesia desgarrada
alumbraste su morada
libérrimamente presa.
Teresa, Teresa loca
de palabra y por escrito
árdeme, que necesito
luz que prenda lo que toca.
