Con llama de amor viva, estáis luciendo
en medio de tinieblas arrogantes
o de sombras vestidas de progreso.
Estáis luciendo clara certidumbre
de verdades de fe sólida y pura;
de caminos ascéticos que llevan
al mismo Corazón de Jesucristo.
Sois espigas de amor. Sois Carmelitas:
palomas de la Virgen escondidas
en altísima roca de silencio
para mejor amar.
Nosotros, los cargados con el fardo
de fiebres avarientas, envidiamos
vuestra paz, vuestro gozo, vuestras alas.
Sois pobres de Yahvé, pero tan ricas,
que todo es vuestro, porque poseéis
la Verdad que os alumbra y que os cobija.
Sois vírgenes fecundas que generan
ojos azules de virginidades.
Sois corazón donado en obediencia
para formar hogares de esperanza.
Deberíamos besar vuestras pisadas
de Monjas sembradoras y andariegas,
aunque estéis de rodillas en silencio
cuidando intimidades.
Gracias os damos por estar alegres
como arroyos azules que predican
la Fuente azul de la Alegría perenne.
Seguid luciendo blancas rebeldías.
Seguid llamando al hombre aprisionado
en su cárcel de barro y “sin sentido”.
Lámparas sois, Teresa os ha encendido,
os enciende con Dios cada mañana.
La Iglesia os necesita más que nunca
porque hay desgarros en su manto humano.
Necesita “testigos”, necesita
filial amor de hijos, que florezca
en palabras y signos fidelísimos.
Vosotras sois sus fieles amadoras,
sus loquitas de amor, sus escultoras
de cruz liberadora y de plegaria.
Vosotras sois las niñas de Sus Ojos,
las Teresas presentes que nos llaman.
Vosotras sois regalo del Altísimo,
altísimas estrellas que sonríen
sayal austero de fidelidades.
Gracias, Teresas, gracias. Alumbradnos
con vuestra luz de lámparas amadas.
