Señor, Tú me llamaste
para encender en mí tu llama viva.
La Gracia que arriesgaste
no quede en mí cautiva,
consuma Tu mi luz contemplativa.
Miraste mi pobreza
y enriqueció mi vida tu mirada.
Dame tu fortaleza
para que yo, tu nada,
transparente la luz de tu alborada.
¡Oh silencio querido
que tan claro me hablas del Amado!
Acógeme en tu nido
altísimo y alado
y piérdame en el vuelo enamorado.
