Siento, Teresa, tu presencia activa
en la frescura llana de tu prosa.
Quedó tu corazón como la rosa
abierta en floración contemplativa.
Te dejaste robar. Fuiste cautiva
del Amor-Infinito en la dichosa
donación de tu ser, como la Esposa
que regala su amor en llama viva.
Cada vez que te leo, se dilata
mi corazón mediocre y cicatero
y deseo perderme en tu locura.
Teresa de Jesús, ven y desata
estas sogas que me hacen prisionero.
¡Quiero vivir tu mística aventura!
(Tríptico de sonetos a Santa Teresa de Jesús y a sus Hijas,
con gratitud y afecto muy hondos)
