En el rosal del mundo aventuraste
tu corazón de abeja decidida.
Te heriste por libar, pero tu herida
cicatrizó en el polen que libaste.
El amor fue tu impulso. Tanto amaste,
que el amor te perdió. Y así, perdida,
encontraste a Jesús, Verdad y Vida,
y con Él te fundiste y te inmolaste.
Teresa de Jesús, cálido grito
en tu prosa y verso manuscrito
para encender la tierra con el cielo.
Siembra otra vez tu llana simpatía
en el mundo llagado de agonía
y llénanos del gozo de tu vuelo.
(Tríptico de sonetos a Santa Teresa de Jesús y a sus Hijas,
con gratitud y afecto muy hondos)
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