Cuando pienso por qué condecoraste
mi pequeñez con vocación tan alta,
me pierdo en el asombro; pero salta
mi corazón de gozo, por contraste.
Lo que tengo, Señor, me lo donaste.
Me has de seguir donando lo que falta.
La primavera de tu amor esmalta
con flores gratuitas mi desgaste.
Sigue llenando mi vasija pobre
con tu inmensa riqueza, hasta que sobre
en mi sangre palabra agradecida.
Mi vocación es dar a cada hombre
el paraíso vivo de tu Nombre
y, con tu Nombre, tu Verdad y Vida.
