Para clamar nací. Clamando vivo.
Clamando flores, astros o palomas.
Diciendo a todos que en las pardas lomas
Te siento, Te disfruto, Te percibo.
Y este clamor de sangre difusivo
de tus latidos y de tus aromas
Tú me lo das, Señor. En mí Te asomas
con júbilo de amor contemplativo.
Me hiciste, para Ti, grito de asombro.
Pusiste tanta luz sobre mi hombro,
que he de alumbrar para aliviar mi carga.
Soy todo luz o gozo iluminante
que, por nacer de Ti, brota incesante
y cuanto más se dona, más se alarga.
