Clara de Asís, desde el cielo
estás volviendo a la tierra.
Abundan los monasterios
con flores de savia nueva.
El hambre tiene en el alma
mordeduras de misterio
en oropeles de lujo
su corazón encancela.
Pero Tú, Clara de Asís,
Esposa que nunca cesa
vas alumbrando este mundo
con la luz de la pobreza.
Lámparas son estas hijas
bellísimas azucenas
que, con audacia de amor
vienen a seguir tus huellas.
Con Jesús Crucificado
toman la Cruz de la entrega.
Con la Virgen Dolorosa
hacen fecundas sus penas.
Su corazón misionero
desde el silencio se vuela
para sembrar en el mundo
su alegría verdadera.
Clara de Asís, la esperanza
nos sustenta y nos renueva.
Como Tú junto al Sagrario
desaparecen las nieblas.
Sigue dándome tus ojos
claros de visión serena
de ver a Dios en los seres
sembrando su primavera.
Enséñanos a ser pobres
para soltar las cadenas
que nos sujetan al tiempo
y a unos granos de materia.
Dame asombro de niños
ante el Niño Dios que llega
en el hermano que sufre
y que nuestro amor espera.
Danos amor a la Cruz
florida en sangre de entrega.
Danos amor a Jesús
que nos da la vida eterna.