Buscáis la intimidad y la encontráis
en el silencio de la luz tallada.
Quédamente su voz se hace llamada
del Amor infinito que gozáis.
En el ara de Dios os inmoláis
como ofrenda que alumbra su mirada.
Todo es amor y dicha sosegada
en el salmo encendido que cantáis.
Con vosotras, Hermanas, amanece
la “Paz y el Bien” que el corazón ofrece
más allá de los fríos del invierno.
Alegraos de ser las escultoras
de esperanzas azules y de auroras
que abren el día del amor eterno.
