No moriré, Señor,
porque Tú naces.
Tu nacimiento
alumbre mi camino.
Me trae eternidad
como destino.
Hilvana mis soturas
pertinaces.
Me pides corazón y
Te complaces
si Te doy mi
pobreza: pan y vino
para seguir
naciendo. Y adivino
tu oferta de
Calvarios y de paces.
No moriré, Señor.
Quedo prendido
en tu Verdad humilde
y salvadora
con plenitud de
tiempo restaurado.
No moriré, Señor, porque
has nacido
para que viva la
incesante aurora
de ser hijo de Dios
resucitado.
