21/11/22

CUSTODIASTE LA LUZ

 


 

Tú, José, en la penumbra de la historia ordinaria,

sumido en el oscuro silencio de lo íntimo,

difuminado casi en el paisaje humano

como una leve hierba en humilde pradera.

 

Tú, que entonabas salmos al ritmo de la azuela.

Tu, constructor de nidos en la hondura del alma

cuando tus ojos puros besaban las palabras

inquietas de la llama en el hogar sencillo.

 

Tú, José, de puntillas por las calles del hombre

para no enmudecer las risas de sus niños.

Tú, amigo de la estrella diminuta y perdida

cuando absorto mirabas el manto de la noche.

 

Tú escondido y pequeño cono esa estrella pura

que posaba en tus ojos otras estrellas niñas.

Tú mereciste ser morada de la Luz

cuando la Luz se hizo carne de nuestra carne.

 

La luz del Ser inmenso no cabía en el brillo

de la soberbia humana que acongoja a los pobres.

La luz se deposita en los arroyos claros

para encender su cauce con estrofas serenas.

 

(Siete poemas confidenciales IV, primer premio centenario del Centro Josefino Español)