Ser con los ojos flores de sonrisa.
Sembrar con la palabra primavera.
Atizar con las manos tierna hoguera
y dar calor al suelo que se pisa.
Alcanzar el nivel de luz preciosa
para salvar el gozo de la espera.
Hacerse corazones sin frontera
que perseveran dándose deprisa.
Tu Navidad, Señor fue compartida
para hermanar el cielo con la tierra
y escribir el poema de los nombres.
Cese ya, con tu luz, la sangre herida,
cese el dolor del hambre y de la guerra
y vuelva tu presencia entre los hombres.
