A veces nos sorprenden en lejanías
en torres de egoísmo que se alzan
como lanzas erguidas contra el Padre
y contra los hermanos más pequeños.
A veces dialogamos con el odio
para justificar nuestras murallas.
A veces cogelamos el impulso
de nuestro corazón hacia la llama.
A veces nos crecemos hacia un pozo
de sangre oscura que enmudece niños.
A veces, muchas veces quebrantamos
tu familia de amor.
Es de nuevo, la sed equivocada
que se lanza a las charcas ciegamente.
Tú, Señor, lo sabías, nos donaste
tu manantial de sangre redentora
para verter tu río en nuestras venas
y vivirnos unidos en tu vida.
(Ágape VI, primer premio Toledo 8 de junio de 1971)
