23/11/22

NECESITAMOS TU JUSTICIA

 


 

Como un bosque de cardos los odios de los hombres

se hieren mutuamente en crecer de egoísmo.

Las hierbas de los niños se mueren de ternura.

Los ojos de las flores se nublan de tinieblas.

 

Hay palomas que alumbran como copos de nieve,

voces de paz mendiga entre el furor de lanzas;

pero su luz quebrada se pierde en la caverna

como en boca de lobo jilguero gorjeando.

 

Y, sin embargo, gime el corazón del hombre

como pájaro loco en danza delirante.

Los derechos erguidos sin arterias humanas

son témpanos de hielo golpeando en las sienes.

 

Clamamos por un mundo más justo y más fraterno,

cargados en el lomo del flaco “Rocinante”,

y olvidamos que “justo” se traduce por santo

en cuyas venas late la sangre del amor.

 

Tú, José, fuiste JUSTO, amigo de la Ley.

Habitabas en ella como en tu casa propia.

Respiraban su aire, cantabas sus caminos.

Y la Ley quedó impresa en tu libro de padre.


(Siete poemas confidenciales V, primer premio centenario del Centro Josefino Español)