Perseguimos estrellas, mariposas;
buscamos el secreto de los mares;
de ascensión; envidiamos el galope
del ágil viento que a capricho danza;
la urgencia de llegar nos espolea
y cuando hemos llegado comenzamos
de nuevo a caminar por algún sitio;
preguntamos al átomo, a la hormiga.
Algo buscamos, algo que está cerca
jugando al escondite con nosotros,
porque tenemos hambre del gran Ser
es cierto este dolor que nos levanta
sobre la arcilla muda que amenaza
con enterrarnos en la oscura nada.
Hambre del ser tenemos. Tú tenías
el hambre acumulado que nos duele
aquella noche que corriste el riesgo
de darnos a comer tu Pan de vida.
Sabías que el amor nos esperaba
nos estaba llamando, nos urgía
sin saberlo quizá, sin confesarlo
por miedo a esclavizar nuestros antojos.
Y encarnaste el Amor de forma humilde:
te hiciste hambre de que te comiéramos
para saciar eternamente el hambre.
(Ágape II, primer premio Toledo 8 de junio de 1971)
