Pero lo hallaste Tú, atardecía
en campos y ciudades lentamente.
Lentamente también se derramaba
en presagios ardientes de silencios
el dolor de la ausencia del amigo.
Aquellos fieles hombres no lograban
alzar en vilo el peso de sus ojos.
Se dejaban vivir sobre la angustia
de ser hombres cercanos e indefensos.
Pero tu amor divino abrió el misterio
de la mayor palabra confidente:
“No me voy”. Mi presencia se hace carne
para que me comáis amigos míos.
Al alcance del fruto de la tierra
me compromete a estar entre vosotros.
Comed, bebed, haceos mi vida misma
sencillamente asimilando el pan,
regando vuestra carne con el vino.
¿Por qué dudáis frágiles amigos
otra vez en el mar enarbolado?
El amor siempre tiene primaveras
de misterios sencillos y cercanos.
Vosotros que sois niños comprendéis.
Hacedlo en mi memoria. Poseedme
cuando os sintáis cansados del camino
y cuando el gozo de familia os una.
(Ágape II, primer premio Toledo 8 de junio de 1971)