Lleva siempre una flor en el semblante
para ofrecerla al triste y al caído.
Has de saber, cristiano, que los “otros”
andan buscando primaveras vivas,
andan buscando amor, aunque sus ojos,
en exilio de Dios, te desafíen.
Lleva siempre una flor, vierte sonrisas
generosas de luz y transparencia.
Entrega el corazón en la mirada
como entrega la rosa su hermosura.
Alivia el escozor de la espereza
con tu mansa palabra confiada.
Enciende la esperanza al caminante
que ignora a dónde va, porque está solo.
Fúndete con la brisa y lleva en andas
semillas de unidad y de concordia.
Sé lo que eres en verdad: un beso,
una fusión de anhelos creativos,
una suma de árboles que tejen
la belleza del bosque en su palabra.
Lleva siempre una flor en tu semblante
si quieres que se note la Presencia
de Dios en ti, naciendo en alegría.
