En andas llevo mi pobreza suma:
gramos de amanecer, kilos de nada.
Pero mi ser, abierto a tu llamada,
dice “Te amo” y esto me consuma.
Tuyo soy cuanto soy. Tuya mi espuma.
Tuya mi voz, mi sangre en la pisada.
Tuyo el gozo que llevo en la mirada.
Tuyo el dolor oculto que me abruma.
Para quererte vivo. Necesito
quererte para ser. Y resucito
al conjugar mi nada y mi cariño.
Dame, Señor, pobreza permanente
para quererte así: desnudamente.
…Y dormir en tus Manos como un niño.