¿Qué Te daré, Señor, si soy payaso
y sólo tengo muecas infantiles?
Es tan serio que nazcas en la noche
y que asumas el frío de los hombres
en tu cuerpo de niño desvalido…
Es tan cuerdo que ignoren los “maestros”
tu cátedra de paz en el pesebre…
Es tan obvio dejarte acurrucado
en el regazo de tu Madre-Virgen
y acallar la palabra de nieve…
¿Qué Te daré, Señor, si soy payaso
y sólo tengo muñequitos blancos…?
No se vienen conmigo los ilustres,
ni los encapotados ni los fúnebres.
Sólo se vienen flores olvidadas
y ruiseñores monjes de la fronda.
Sólo me miran gacetillas ágiles
o lagartijas de rabito inquieto.
Sólo me siguen grillos, saltamontes,
mariposas de sueño y comadrejas…
Sin embargo, Te veo sonreírme
cuando las alas de mis mangas vuelan
y mis grandes zapatos se Te acercan.
¿Tal vez sabes que llevo en las entrañas
el candor plateado de la luna
y los besos de todas las estrellas?
¿Tal vez notas que vivo para darte
la plenitud jovial de mi pobreza?
No tengo más, Señor. Soy un payaso,
pero Te doy mi corazón de niño.
Cuídalo con la luz de tu sonrisa
y seguiré sembrando la alegría
para que el mundo sepa que has nacido.
