Desde que Tú naciste
la luz quedó prendida a la sonrisa
y la noche sujeta a la esperanza.
Se abrieron las compuertas de los cielos
y los seres se ahogaron en la dicha.
Tu nacer fue llegada de lo puro
como cuando los niños aparecen
y disipan la ira de los ojos.
Supieron su destino las palomas
y las rosas se abrieron sin recelo.
Hubo montañas altas de rodillas
para alcanzar a ver tu abajamiento.
Hubo besos fundidos en silencio
a las toscas paredes del establo.
Hubo nieves y acebos y praderas
revelando sus nuevas dimensiones.
Desde que Tú naciste, me fascina
la noble vocación de ser payaso
y sembrar mariposas en los ojos.
Desde que Tú naciste, nos nacemos
de las muertes diarias que nos cercan
como nacen los seres en la aurora
desnudamente, inmaculadamente.
Nuestra sangre Te sabe, se alimenta
feliz de tu locura y tu cariño.
No hay lenguaje mejor que hacerte hombre
para besar el pobre barro nuestro.
Y nos besas, Señor, sigues naciendo
en cada Eucaristía. Nos asumes
cercados en el tiempo y el espacio.
Desde que Tú naciste, Te nos naces
pródigamente dándonos la Vida.
Ya podemos nacer, cuando morimos,
a la Vida Contigo consumada.
Gracias, Señor, Jesús, sigue naciendo
en el silencio de esta noche nuestra.
