1/12/22

UN PAYASO ANTE DIOS NIÑO

 


 

Desde que Tú naciste

la luz quedó prendida a la sonrisa

y la noche sujeta a la esperanza.

Se abrieron las compuertas de los cielos

y los seres se ahogaron en la dicha.

 

Tu nacer fue llegada de lo puro

como cuando los niños aparecen

y disipan la ira de los ojos.

Supieron su destino las palomas

y las rosas se abrieron sin recelo.

Hubo montañas altas de rodillas

para alcanzar a ver tu abajamiento.

Hubo besos fundidos en silencio

a las toscas paredes del establo.

Hubo nieves y acebos y praderas

revelando sus nuevas dimensiones.

 

Desde que Tú naciste, me fascina

la noble vocación de ser payaso

y sembrar mariposas en los ojos.

 

Desde que Tú naciste, nos nacemos

de las muertes diarias que nos cercan

como nacen los seres en la aurora

desnudamente, inmaculadamente.

Nuestra sangre Te sabe, se alimenta

feliz de tu locura y tu cariño.

No hay lenguaje mejor que hacerte hombre

para besar el pobre barro nuestro.

Y nos besas, Señor, sigues naciendo

en cada Eucaristía. Nos asumes

cercados en el tiempo y el espacio.

 

Desde que Tú naciste, Te nos naces

pródigamente dándonos la Vida.

Ya podemos nacer, cuando morimos,

a la Vida Contigo consumada.

 

Gracias, Señor, Jesús, sigue naciendo

en el silencio de esta noche nuestra.