Seguiré a mi Señor hasta la altura
del árbol de la Cruz donde se inmola.
Convertiré mi vida en amapola
que nace en el vergel de su ternura.
Oculta por amor en la clausura
seré su flor, aunque me quede sola.
Me besará su mar, ola tras ola
cuando transite por la noche oscura.
No romperá mi corazón la pena
ni amarrará mi pie férrea cadena
porque Jesús me toma de su mano.
Aunque el mundo me deje abandonada
me bastará la luz de su mirada
para ofrecerle mi cariño.