(Mi alma glorifica al Señor…)
Deberías también llamarte “Agradecida”.
El canto poético del Magníficat”
es tu vergel de gratitud.
Toda Tú Te sientes
como una donación de Dios a Ti misma:
recibida gratuitamente, regalada por su cariño.
Porque eres humilde, cautivaste a Dios.
Porque eres pequeña, casi mandas en Dios.
Y Tú lo sabes y lo agradeces: Te haces a Ti misma
“acción de gracias”.
Y no entenebrecen tu agradecimiento
las noches oscuras en que Dios se calla
como si hubiera dejado de ser tu confidente.
Tú sabes que su silencio es amor y lo agradeces con la misma
intensidad, aunque con el corazón desgarrado por su aparente
ausencia.
Agradecida siempre y, por ello, siempre feliz.
Tú sabías que toda la vida es don, gratuidad impagable,
mirada suya de amor.
Madre, llévame al paraíso de tu visión agradecida;
realízame con la humildad que siente
el permanente regalo de vivir y lo canta.
Gracias
