Llega la Luz de Dios arcangelada
a tu casa sencilla nazarena.
Se reclina tu nieve de azucena
y escuchas ruborosa su llamada.
Abres el corazón enamorada
con asombro feliz y voz serena.
La Gracia del Espíritu Te llena
a Ti, “Llena de gracia”, Inmaculada.
Quedas Virgen y Madre sin penumbra
porque el milagro de su Amor alumbra
tu carne virginal y generosa.
Toda vasija transparente y pura.
Toda fecundidad que se apresura
a dar su corazón de Madre-Rosa.
