Irradia paz vuestra postura humilde
ante el sagrario humilde y silencioso:
Esposas de rodillas recibiendo el mensaje del Esposo.
Dóciles, disponibles
puliendo el corazón inmaculado
para mejor amar, para ir sembrando
sonrisas de esperanza como antorchas
que alumbran las veredas en la noche.
Sabéis de intimidad con el Amado
y entráis en el hogar de las vivencias con pasos teologales
para sentiros hijas jubilosas.
¡Oh pequeñez de amor siempre alumbrando
plegarias sosegadas e inocentes…!
Como la Virgen, ejerciendo el oficio de las flores
que nunca se marchitan porque tienen hundidas sus raíces
en la tierra de Dios no marchitable.
¡Cuánto cariño blanco en vuestra sangre
y cuánta casa nazarena abierta
para hospedar azules inocencias…!
Esclavas Carmelitas carpinteras
que labráis la madera de las almas con pulso josefino
que hace suaves los golpes del martillo.
Y todo porque sois pobres, sencillas,
vírgenes plenas de maternidades,
portadoras totales de obediencia a la Iglesia y al Papa,
como quien porta garantía de alas
con rumbo libre en la fidelidad.
Os agradezco que os hayáis fijado para anidar -palomas queridísimas-
en las peñas austeras, donde anida
la Paloma en origen: la Fuencisla.
Os agradezco que cuidéis de Ella sintiendo muy de cerca sus latidos.
Os ha llamado Ella porque quiere
incienso adorador -y sois vosotras-;
Vergeles de plegaria -y sois vosotras-;
presencia custodiante josefina -y sois vosotras-;
austeridad sencilla y sonriente -y sois vosotras-;
Iglesia concentrada y hogareña -y sois vosotras-;
solidez de querencias teresianas -y sois vosotras-;
llamas vivas de hoguera sanjuanista -y sois vosotras.
Todas vosotras, candorosas vidas,
Esclavas Carmelitas mensajeras
que ha enviado el Señor hasta Segovia, en misión de esperanza,
con orante silencio, con amable palabra,
con signo orientador de hábito austero
con sonrisa de flores nazarenas
con humildad de amor recio y oculto…
Mi gratitud profunda hacia vosotras sólo sabe decir:
“Gracias, Señor,
por habernos mirado nuevamente
en estas niñas de tus ojos puros”